domingo, 6 de diciembre de 2009

Disculpas...y ofrenda de paz.

Pido disculpas por no haber comentado en sus blogs ni haber escrito. Estuve rindiendo finales para la carrera y no podía dedicarle tiempo al blog...

Hoy les dejo un video de un cantante argentino, Victor Heredia. Es una canción muy linda que, pese a que fue escrita en la década del 70-80 (sinceramente no recuerdo la fecha), es muy actual.


Que hable por sí mismo, muy difícil no sentirse identificado. Paz y bien.







Me preguntaron como vivía, me preguntaron
'Sobreviviendo' dije, 'sobreviviendo'.
tengo un poema escrito más de mil veces,
en él repito siempre que mientras alguien
proponga muerte sobre esta tierra
y se fabriquen armas para la guerra,
yo pisaré estos campos sobreviviendo.
todos frente al peligro, sobreviviendo,
tristes y errantes hombres, sobreviviendo.

SOBREVIVIENDO, SOBREVIVIENDO,
SOBREVIVIENDO, SOBREVIVIENDO.

Hace tiempo no río como hace tiempo,
y eso que yo reía como un jilguero.
tengo cierta memoria que me lastima,
y no puedo olvidarme lo de Hiroshima.
cuánta tragedia, sobre esta tierra...
hoy que quiero reírme apenas si puedo,
ya no tengo la risa como un jilguero
ni la paz de los pinos del mes de enero,
ando por este mundo sobreviviendo.

SOBREVIVIENDO, SOBREVIVIENDO,
SOBREVIVIENDO, SOBREVIVIENDO.

Ya no quiero ser sólo un sobreviviente,
quiero elegir el día para mi muerte.
Tengo la carne joven, roja la sangre,
la dentadura buena y mi esperma urgente.
quiero la vida de mi cimiente.
no quiero ver un dia manifestando
por la paz en el mundo a los animales.
Cómo me reiría ese loco día,
ellos manifestándose por la vida.
y nosotros apenas sobreviviendo, sobreviviendo.

SOBREVIVIENDO, SOBREVIVIENDO,
SOBREVIVIENDO, SOBREVIVIENDO.


Fuente

lunes, 2 de noviembre de 2009

Dia para dormir...


Hoy es una linda tarde para dormir, porque llueve en Argentina. Sinceramente estoy demasiado agotado para pensar algo realmente interesante, así que les dejo una foto del gran amor de mi vida y una poesía dedicada a ella.


Paz y bien.





ODA A PAQUITA


Como una pelota
de lana negra,
corriendo apurada,
encuentro a mi perra

sus ojos vivaces,
orejas paradas,
andar de cachorra
¡y siempre alocada!

Llegó a nuestra vida,
por una tristeza
y se instaló en ella,
como una princesa.

Ella nos observa,
con mucha atención
y luego nos ladra
¿¿ será de emoción??

Corre con su hueso,
por todo el lugar.

Lo tira a mis pies,

Propone jugar.

Aún no he conseguido

Que me pueda hablar

Pero todavía,

Lo voy a intentar.

¿Será necesaria,

Otra intervención?

¿Un profesional

Con otra visión?

Múltiples miradas

Sobre mi cachorra,

No importan las caras,

El afecto sobra.




NOTA IMPORTANTE:La poesía publicada fue escrita por Valeria Gomez (mi vieja) y está registrada bajo las leyes de autor de la República Argentina. El Aviso por si alguno desea copiarla o apropiarla, sepa que no solo es un delito sino que se va a comer el juicio de su vida (y sus nietos van a pagar la universidad de los míos y de mi hermano).

Paz y bien.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Poema "La pobre Dama"

Dejo la poesía de un amigo.

Sinceramente, hoy muchas ganas no tengo de escribir. Recien vengo de taekwondo y estoy muy cansado.

De paso les comento que junto con un amigo estamos iniciando un nuevo espacio llamado Ojos de Video-tape, dedicado exclusivamente a videos musicales. Dense una vuelta si quieren, prometo esforzarme por postear buena música.


Paz y bien.


La pobre dama

La pobre dama vino a buscar

y logró encontrar

lo mismo que afuera.

Antes se sentaba en la calle

ahora giraba en círculos

La pobre dama llevaba en su frente

la marca imborrable;

de las pezuñas de caviar

de los reyes cerdos.

No paraba de girar en círculos

mientras sus hermanos

tallaban en la puerta de la casa de Dios

a un Cristo rico y pulcro

Y los jóvenes reían;

y la dama dejaba caer su último diente.

El Cristo de joyas no hacía una ronda con los pobres

para bailar y cantar himnos;

Para gritar ¡Aleluya!

Porque temía que se le llenara de microbios la mano.

Y yo debería haber actuado

Pero tenía miedo a los microbios

Y si la besaba; a que se pudran mis labios.

Pero el Día del juicio llegó como espada de dos filos;

Y formó un gran torbellino blanco;

Desde las nubes; ante los ojos de tantos incautos.

Y nuestro Cristo rico y pulcro

comenzó a deshacerse

Y el oro que lo conformaba se esparció sobre la cuadra

como se esparce el estiércol en la lluvia.

viernes, 14 de agosto de 2009

Oscar Wilde

Les dejo un cuento de este magnífico autor. Es de su libro "Poemas en Prosa", el cual es realmente hermoso. Y bastante difícil de conseguir.


EL MAESTRO DE LA SABIDURÍA

Desde su niñez había sido como es quien está lleno del perfecto conocimiento de Dios, y cuando no era todavía más que un adolescente, muchos de entre los santos, lo mismo que algunas santas mujeres que habitaban en la ciudad libre donde él nació, se habían quedado asombra­dos por la grave sabiduría de sus respuestas.

Y cuando sus padres le hubieron entregado la túnica y el anillo de la edad viril, les besó y se separó de ellos, y se fue por el mundo, para hablar al mundo de Dios. Pues había muchos en el mundo en aquel tiempo que no co­nocían a Dios o tenían de Él no más que un conoci­miento incompleto o adoraban a los falsos dioses que moran en las arboledas y no se cuidan de sus adoradores.

Y dirigió su rostro hacia el sol y emprendió su camino, andando sin sandalias, como había visto caminar a los santos, y llevando al cinto una bolsa de cuero y una pe­queña redoma de barro cocido para el agua.

Y yendo a lo largo del camino se sentía lleno del gozo que procede del perfecto conocimiento de Dios, y can­taba sin cesar alabanzas a Dios. Y después de algún tiempo llegó a una tierra extraña en la que había muchas ciudades.

Y atravesó once ciudades. Y algunas de estas ciudades se hallaban en los valles, y otras estaban en las orillas de grandes ríos, y otras estaban erigidas sobre colinas. Y en cada ciudad encontró un discípulo que le amó y le siguió, y le seguía también una gran multitud de gente de cada ciudad, y el conocimiento de Dios se esparció por toda la comarca, y muchos de los dirigentes se convirtieron, y los sacerdotes de los templos que albergaban a ídolos se dieron cuenta de que habían desaparecido la mitad de sus ganancias, y de que cuando batían sus tambores a me­diodía, nadie, o tan sólo unos cuantos, venían con pavos reales o con ofrendas de carne, como había sido costum­bre en aquella tierra antes de su llegada.

Sin embargo, cuanto más le seguía la gente y mayor era el número de sus discípulos, tanto mayor se volvía su tris­teza. Y él no sabía por qué su aflicción era tan grande, pues hablaba siempre de Dios, e inspirado por la plenitud del conocimiento perfecto de Dios que Dios mismo le ha­bía dado.

Y, una tarde, salió de la undécima ciudad, que era una ciudad de Armenia, y sus discípulos y una gran multitud de gente iban tras él; y subió a una montaña y se sentó en una roca que había en la montaña, y sus discípulos, de pie, le rodearon, y la multitud se arrodillo en el valle.

Y él inclinó la cabeza, la ocultó entre las manos y lloró, y dijo a su alma:

-¿Por qué estoy lleno de tristeza y de temor, y es cada uno de mis discípulos como un enemigo que anda a plena luz del día?

Y su alma respondiéndole le dijo:

-Dios te llenó del conocimiento perfecto de sí mismo, y tú has entregado ese conocimiento a los demás. La perla de gran precio la has dividido, y la túnica inconsútil la has rasgado en dos pedazos. El que entrega la sabi­duría se roba a sí mismo; es como quien da su tesoro a un ladrón. ¿No es Dios más sabio de lo que eres tú? ¿Quién eres tú para desvelar el secreto que Dios te ha confiado? En un tiempo fui rica, y tú me has empobre­cido. En un tiempo vi a Dios, y tú me le has ocultado.

Y lloró de nuevo, pues sabía que su alma le decía la verdad, y que había dado a otros el conocimiento per­fecto de Dios, y que era ahora como alguien que se aga­rra a la túnica de Dios, y que su fe le estaba abando­nando a razón del número de los que creían en él.

Y se dijo a sí mismo:

-No hablaré más de Dios. Quien entrega la sabiduría se roba a sí mismo.

Y algunas horas después, sus discípulos se acercaron a él y se prosternaron y dijeron:

-Maestro, háblanos de Dios, pues tú tienes el cono­cimiento perfecto de Dios, y ningún hombre más que tú tiene ese conocimiento.

Y él respondiéndoles dijo:

-Os hablaré de todas las demás cosas que hay en el cielo y en la tierra, pero de Dios no os hablaré. Ni ahora ni en ninguna otra ocasión os hablaré de Dios.

Y ellos se encolerizaron contra él y le dijeron:

-Nos has conducido al desierto para que te escuchá­ramos, ¿quieres despedirnos ahora hambrientos, a noso­tros y a la gran multitud que has hecho que te siguiera?

Y él respondiéndoles dijo:

-No os hablaré de Dios.

Y la multitud murmuraba contra él y le decía:

-Nos has conducido al desierto y no nos has dado ali­mento que comer. Háblanos de Dios y nos bastará. Pero él no les respondió palabra alguna, pues sabía que si les hablaba de Dios entregaría su tesoro.

Y sus discípulos se fueron entristecidos, y la multitud regresó a los hogares, y muchos perecieron por el ca­mino.

Y cuando estuvo solo, se levantó y dirigió su rostro ha­cia la luna, y viajó durante siete lunas, sin hablar a ningún hombre y sin dar respuesta alguna. Y, cuando la séptima luna estaba en su cuarto megguante, llegó a ese desierto que es el desierto del Gran Río. Y habiendo encontrado una caverna en que había vivido un centauro la tomó por morada, y se hizo una estera de juncos para lecho, y se convirtió en ermitaño. Y, a cada hora, el ermitaño alababa a Dios que había permitido que conservara algún conocimiento de Él y de su grandeza admirable.

Y una tarde, estando el ermitaño sentado delante de la cueva en la que había hecho su morada, vio a un joven de rostro hermoso y perverso que pasaba por allí vestido pobremente y con las manos vacías. Cada tarde, con las manos vacías pasaba el joven por allí, y cada mañana vol­vía con las manos llenas de púrpura y de perlas; pues era ladrón y robaba a las caravanas de los mercaderes.

Y el ermitaño le miró y se apiadó de él, pero no le dijo una palabra; pues sabía que quien dice una palabra pierde la fe.

Y una mañana, cuando volvía el joven con las manos llenas de púrpura y de perlas, se detuvo y frunció el ceño y golpeó la arena con el pie, y dijo al ermitaño:

-¿Por qué me miras siempre de ese modo cuando paso? ¿Qué es lo que veo en tus ojos? Pues ningún, hom­bre me había mirado antes de ese modo. Y es una espina y me causa una inquietud.

Y el ermitaño le respondió y dijo:

-Lo que ves en mis ojos es compasión. La compasión es lo que te mira desde mis ojos.

Y el joven se rió con desdén, y gritó al ermitaño con voz desapacible, y le dijo:

-Tengo púrpura y perlas en las manos, y tú no tienes más que una estera de juncos para acostarte. ¿Qué com­pasión habrías de tener por mí? ¿Y por qué razón tienes esa piedad?

-Me das compasión -dijo el ermitaño- porque no tienes conocimiento de Dios.

-¿Es cosa valiosa ese conocimiento de Dios? -pre­guntó el joven.

Y se acercó a la entrada de la caverna.

-Es más valiosa que toda la púrpura y que todas las perlas de este mundo -respondió el ermitaño.

-¿Y tú lo tienes? -dijo el joven ladrón.

Y se acercó más aún.

-Hubo un tiempo, en verdad -respondió el ermi­taño-, en que yo poseía el conocimiento perfecto de Dios; pero en mi necedad me separé de él, y lo repartí entre los demás. No obstante, incluso ahora, lo que me queda de ese conocimiento es más valioso que la púrpura o las perlas.

Y cuando oyó esto el joven ladrón, arrojó la púrpura y las perlas que llevaba en las manos, y sacando una ci­mitarra afilada de acero curvado dijo al ermitaño:

-Dame, ahora mismo, ese conocimiento de Dios que posees, o ten por cierto que te mataré. ¿Cómo no habría de matar a quien tiene un tesoro mayor que mi tesoro?

Y el ermitaño extendió los brazos y dijo:

-¿No sería más ventajoso para mí ir a las moradas recónditas de Dios y alabarle que vivir en el mundo sin tener conocimiento de Él? Mátame si es ese tu deseo, pero no te entregaré mi conocimiento de Dios.

Y el joven ladrón se puso de rodillas y le suplicó, pero el ermitaño no quiso hablarle de Dios, ni darle su tesoro, y el joven ladrón se levantó y dijo al ermitaño:

-Sea como deseas. En cuanto a mí, iré a la ciudad de los Siete Pecados, que está sólo a tres días de camino desde este lugar, y a cambio de mi púrpura me darán placeres, y a cambio de mis perlas me venderán alegría.

Y recogió la púrpura y las perlas y se fue apresura­damente.

Y el ermitaño le llamó a gritos y le siguió y le suplicó. Por espacio de tres días siguió al joven ladrón por el ca­mino y le rogó que volviera, que no entrara en la ciudad de los Siete Pecados.

Y de vez en cuando miraba hacia atrás el joven ladrón al ermitaño y le llamaba, y decía:

-¿Quieres darme ese conocimiento de Dios que es más valioso que la púrpura y las perlas? Si quieres dár­melo, no entraré en la ciudad.

Y siempre respondía el ermitaño:

-Todas las cosas que tengo te las daré, menos esa única cosa solamente; pues esa cosa no me es lícito en­tregarla.

Y, al crepúsculo del tercer día, llegaron cerca de las grandes puertas escarlata de la ciudad de los Siete Pe­cados. Y de la ciudad llegaba el sonido de muchas risas.

Y el joven ladrón respondió con otra risa, y quiso lla­mar a la puerta. Y mientras lo hacía, se adelantó co­rriendo el ermitaño y le cogió por los pliegues de la túnica, y le dijo:

-Extiende las manos, y pon los brazos en torno de mi cuello, aproxima el oído a mis labios, y te daré lo que queda del conocimiento de Dios.

Y el joven ladrón se detuvo.

Y cuando el ermitaño hubo entregado su conocimiento de Dios, se arrojó al suelo y lloró, y una gran oscuridad le ocultó de la ciudad y del joven ladrón, así que no los vio más.

Y mientras yacía allí llorando se daba cuenta de que había Uno de pie a su lado, y el que estaba a su lado tenía los pies de bronce y los cabellos como de lana fina. Y Él alzó al ermitaño y le dijo:

-Antes tenías el perfecto conocimiento de Dios; ahora tendrás el perfecto amor de Dios. ¿Por qué lloras?

Y le besó.


miércoles, 5 de agosto de 2009

Cuento de otro...


Hoy les dejo un cuento de Rodolfo Walsh. Hace cosa de2 semanas lo escuche en la radio y me gustó.

Rodolfo Walsh fue un periodista argentino, muerto por la última dictadura militar. Se animó a escribirle una carta a la Junta Militar, que hizo publicar en todos los diarios grandes. La llamo "CARTA ABIERTA A LA JUNTA MILITAR". El que la quiera leer, puede hacerlo aquí.

Lo fueron a buscar y tras un enfrentamiento lo mataron y lo ocultaron, como tantos otros. Es un cuento largo, pero vale la pena.

Los dejo con el texto.



Esa mujer

Rodolfo Walsh

El coronel elogia mi puntualidad:

-Es puntual como los alemanes-dice.

-O como los ingleses.

El coronel tiene apellido alemán.

Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.

-He leído sus cosas-propone-. Lo felicito.

Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.

Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del rio. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneameme, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.

El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.

Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.

Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.

El coronel sabe dónde está.

Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.

El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.

-Esos papeles -dice.

Lo miro.

-Esa mujer, coronel.

Sonríe.

-Todo se encadena -filosofa.

A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.

-La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.

-¿Mucho daño? -pregunto. Me importa un carajo.

-Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años -dice.

El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.

Entra su mujer, con dos pocillos de café.

Contale vos, Negra.

Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.

-La pobre quedó muy afectada -explica el coronel-. Pero a usted no le importa esto.

-¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.

El coronel se ríe.

-La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.

Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.

-Cuénteme cualquier chiste -dice.

Pienso. No se me ocurre.

-Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.

-¿Y esto?

-La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.

El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.

-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.

-¿Qué más? -dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.

-Le pegó un tiro una madrugada.

-La confundió con un ladrón -sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.

-Pero el capitán N. . .

-Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.

-¿Y usted, coronel?

-Lo mío es distinto -dice-. Me la tienen jurada.

Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.

-Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.

-Me gustaría.

-Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?

-Ojalá dependa de mí, coronel.

-Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.

Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.

-Mire.

A la pastora le falta un bracito.

-Derby -dice. Doscientos años.

La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.

-¿Por qué creen que usted tiene la culpa?

-Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.

El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.

-Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leido a Hegel.

-¿Qué querían hacer?

-Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oir uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.

-Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.

-Y orinarle encima.

-Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.

No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.

-Esa mujer -le oigo murmurar-. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.

El coronel bebe. Es duro.

-Desnuda -dice-. Eramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitan de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataud -el coronel se pasa la mano por la frente-, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso...

Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.

-Me pareció oir. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.

Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparccido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.

-...se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos-, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?

-No.

-Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.

Vuelve a servirse un whisky.

-Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.

Bruscamente se ríe.

-Tuve que pagar la mortaja de mi holsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.

Repite varias veces "Eso le demuestra", como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.

-Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahi. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.

-¿Pobre gente?

-Sí, pobre gente.-El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior-. Yo también soy argentino.

-Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.

-Ah, bueno -dice.

-¿La vieron así?

-Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...

La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.

-Para mí no es nada -dice el coronel-. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.

Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.

-A mí no me podía sorprender. Pero ellos...

-¿Se impresionaron?

-Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció.

Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba".

-Beba -dice el coronel.

Bebo.

-¿Me escucha?

-Lo escucho.

Le cortamos un dedo.

-¿Era necesario?

El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.

-Tantito así. Para identificarla.

-¿No sabían quién era?

Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba".

-Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?

-Comprendo.

-La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.

-¿Y?

-Era ella. Esa mujer era ella.

-¿Muy cambiada?

-No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.

-¿El profesor R.?

-Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.

En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.

-¿Enciendo?

-No.

-Teléfono.

-Deciles que no estoy.

Desaparece.

-Es para putearme -explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.

-Ganas de joder -digo alegremente.

-Cambié tres veces eI número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.

-¿Qué le dicen?

-Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.

Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.

-Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.

El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.

-La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.

Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cunal, remedios, cigarrillos, vida, muerte.

-Llueve -dice su voz extraña.

Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.

-Llueve día por medio -dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.

Dónde, pienso, dónde.

-¡Está parada! -grita el coronel-. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!

Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.

-No me haga caso -dice, se sienta-. Estoy borracho.

Y largamente llueve en su memoria.

Me paro, le toco el hombro.

-¿Eh? -dice- ¿Eh? -dice.

Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.

-¿La sacaron del país?

-Sí.

-¿La sacó usted?

-Sí.

-¿Cuántas personas saben?

-DOS.

-¿El Viejo sabe?

Se ríe.

-Cree que sabe.

-¿Dónde?

No contesta.

-Hay que escribirlo, publicarlo.

-Sí. Algún día.

Parece cansado, remoto.

-¡Ahora! -me exaspero-. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!

La lengua se le pega al paladar, a los dientes.

-Cuando llegue el momento... usted será el primero...

-No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.

Se ríe.

-¿Dónde, coronel, dónde?

Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.

Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.

-Es mía -dice simplemente-. Esa mujer es mía.





lunes, 13 de julio de 2009

El Conde de Montecristo




Aproveche el receso universitario y releí un buen libro. En retrospectriva, debería haber leído apuntes de la facultad, pero bueno...



"El Conde de Montecristo" es una obra genial. Sin lugar a dudas, Alejandro Dumas se lucio debido a que todo cierra perfectamente. Eso es algo que envidio de un escritor, esa facilidad para plantear situaciones y resolverlas perfectamente.


En Francia, en los años post-napoleónicos (y de restitución de la nobleza) Edmundo Dantés es un joven capitán de barco, de alrededor de 20 años. Tras su llegada exitosa de su último viaje decide casarse con su novia, la hermosa Mercedes. Sin embargo es traicionado por personas cercanas a él y encárcelado antes de la ceremonia.
Desafortunadamente, un funcionario judicial deshonesto atiende su causa y es condenado a prisión perpetua en el castillo de If y arrojado a una mazmorra donde la oscuridad lo envuelve constantemente.


Tras años de encierro y al borde de la locura, logra comunicarse con otro ser humano. Se trata de un monje al que los carceleros consideran loco, el cual irrumpe en la celda de Edmundo en su búsqueda de libertad.
Este nuevo compañero lo instruirá y Dantés lo tomará como un segundo padre.

La muerte del compañero del marino es una escena triste en el relato, pero fundamental. Gracias a esto, Dantés lográ huir del cautiverio. Siendo un hombre libre, Edmundo vuelve a su ciudad natal para darse cueta de que sus verdaderos amigos están en la ruina, su padre murio y su novia se casó con aquel que lo traicionó. Eso lo impulsa a la venganza...


No puedo contar más. Como dije antes, el libro es increíble. Existen muchas versiones de este clásico. Solo puedo decir que la más moderna, donde el papel principal lo tiene Jim Caviezel, es una cagada. Así de simple. Y una reversión argentina (llamada Montecristo) es lamentable. Desafortunadamente parece ser que un buen libro no posee una buena versión, cosa de por sí difícil ya que es una obra monumental, dividida en 5 partes.

Se los recomiendo. Paz y bien.

lunes, 18 de mayo de 2009

LASTIMA...SE MUEREN LOS GRANDES Y QUEDAN LOS MEDIOCRES

Una de amor (que me encanta, con música de Silvio Rodriguez).



YO NO TE PIDO.

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tú quieras
las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no lo voy a negar
el futuro algún día llegará
y del presente
qué le importa a la gente
si es que siempre van a hablar.

Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar.

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz



Mario Benedetti.



Una de política (Allende me emociona...y me da envidia por los chilenos)

ALLENDE

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Mario Benedetti.




Una porque me gusta mucho.


TE QUIERO


Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Mario Benedetti.

Una vez un profesor em dijo que no me dedique a leer a los mediocres...solo a los iluminados. Si bien mi lectura de Benedetti deja mucho que desear, me gusta mucho lo que leí.

Lástima que en este mundo, los mediocres viven más que los iluminados...y encima lucran más.

Estamos de luto. Si bien no lo conocí, estoy de luto.

domingo, 10 de mayo de 2009

10 DE MAYO



Vamos por partes (dijo Jackie the Ripper). En primer lugar agradezco a todos por sus comentarios en el post anterior. En segundo lugar, agradezco todos por sus comentarios en todos los post.

¿Por qué? Bueno, ayer este espacio cumplio 1 año. Algo increíble teniendo en cuenta que cuando empecé, supuse que no llegaría al año por vagancia. Y sin embargo me equivoque nuevamente (ya estoy por tener un doctorado en equivocaciones).

Y aprovecahndo que esta espacio cumple años, les comento que hoy 10 de mayo tambien es mi cumpleaños N° 22. Si, hace 22 años mi madre me dio a luz (así que ya saben cuando insultarla).


Aprovechando esta entrada, paso a recomendar un libro, algo que hace muchísimo no hago. EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, una obra genial. El autor es Gabriel García Marquez, creo que es por todos conocido y lo mismo el libro. Solo diré que es una obra más que recomendable. Personalmente me identifique con Florentino Ariza. Estaba viviendo una situación particular en cuanto al amor (o desamor) cuando lo leí, y me llevó tomar une decisión al respecto. Y salio más o menos similar a la historia que relata....solo que yo no guardo esperanzas al respecto...


En fin. Paz y bien. Y un abrazo a cada uno de ustedes, que me hacen seguir adelante. Si bien es cierto que no escribo buscando la popularidad, me hace bien saber que hay gente a la que le interesa leer lo que tengo para escribir.

viernes, 8 de agosto de 2008

Peliculas recomendadas

Semana tranquila. Debe de ser porque estuve solo en casa (la más grande bendición de Dios sobre la tierra).
Aproveche y vi algunas películas que siempre quise ver y no podía ya que mi amada madre pregunta que estoy viendo y de que se trata (para censurarla), y mi hermano molesta simplemente.

Asi que hoy voy a recomendarles algunas películas que vi, que me resultaron bastante interesantes (y hasta me animo a decir buenas).


1) EL MAQUINISTA. Cristian Bale ( Batman Begins, Batman Dark Night, Psicopata americano) interpreta a un obrero de una fabrica que no duerme desde hace ya un año. Debido a esto comienza a dudar de la veracidad de los sucesos que tiene lugar en su dia, y de su propia cordura. Es un thriller psicologico bastante bueno con un final sorprendente, con un gran actor, y con una historia que no permite descifrar lo que esta sucediendo a cualquiera.
2) HITMAN: basada en el popular juego de consolas, narra la historia de 47, un asesino de elite perfecto, entrenado para ignorar lo que no sea parte de su trabajo (incluido mujeres). Sorpresivamente descubre que la agencia para la cual trabaja intenta "sacarlo del medio", y se verá envuelto en una venganza en busca de respuestas.
Es una producción europea, inglesa más precisamente.
3) BLADE RUNNER: un clasico de todos los tiempos. Pelicula de ciencia ficcion de 1982, con Harrison Ford (Indiana Jones), Edward James Olmos (Miami Vice), y Sean Young (una morocha que no conocia hasta esta pelicula, y sino no me acuerdo). Dirigida por Ridley Scott.
Los BLADE RUNNER son una unidad especial creada para matar a los "portapieles", androides cuyo deseo es ser humanos pero de vida limitada a 4 años. Deckard (Ford) fue alguna vez el mejor de ellos, y sale de su retiro al volver la amenaza, ya que un grupo escapa de un transporte y comienza a asesinar.
Fue una pelicula de avanzada en su momento, y hoy en dia es considerada de culto. Sin lugar a dudas, una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos. La música es de Vangelis, y destacan dos melodías: la de Futbol de Primera (es la principal de la película y aparece en el final) y una que aparece en repetidas ocasiones, que recuerda a las melodías tristes del policial negro.

Espero que las disfruten si las ven.